Así salí del sofá y comencé a ejercitarme

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No eres la única: esa película mental en la que te calzas tus tenis deportivos y sales al amanecer a correr a diario mientras la luz del día comienza a tocar tus músculos trabajados y aceitados, es bastante usual.

El problema es este: es una película. Y como todas las películas, tiene su correspondiente edición, tomas y post-producción. La película no te muestra la parte en la que te falta el aire a los dos minutos de comenzar, o en la que te duele el tobillo por un mal movimiento, ni el momento en que te das cuenta de que tu sostén deportivo no era tan cómodo después de todo. Ni qué decir del dolor al día siguiente y las pocas ganas de salir nuevamente de tu casa… nunca más.

El resultado de dicha contraposición entre película y realidad, puede ser desmotivante y darte esa ansiada excusa para hundirte aún más en ese sofá cuyos cojines tienen cada vez más, la forma de tu cuerpo.

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Salir del sofá y comenzar a ejercitarte es posible. Foto: Pixabay on Pexels.com

¿Cuál es el remedio para salir de la película? Entrar en la realidad.

Sí, lo sé: es difícil resistirse a la tentación de hacerse un cronograma mental en el que conste cuánto vas a ejercitarte de ahora en más y cómo tu energía, tu mente, tu cuerpo y tu vida van a cambiar a partir de entonces. Pero si eres como la mayoría de los mortales, tu cuerpo y tu mente tienen un período de adaptación que ni la más bonita película puede ignorar.

Los cambios profundos de vida implican pasos cortos. Lo dicen los refranes, los expertos, y te lo digo yo, que lo hice. Es posible salir del sofá, pero cuando lo hagas, debes pensar en esto: hoy no será el día en que tu película mental se haga realidad. Hoy, harás solamente esto (y nada más que esto, no hagas trampa):

  • Saldrás del sofá. Es decir, te levantarás de allí.
  • Te pondrás ropa deportiva. No importa que no tengas “lo ideal”, basta con un par de tenis y prendas cómodas por ahora.
  • Abrirás la puerta de tu casa y pondrás un pie afuera.

“¡Pero eso no es ejercitarse!” Me dirás indignada y con razón. “¡Eso es muy fácil!”, exclamarás. Lamento decirte que no, que esos tres pasos previos son los más difíciles y los únicos necesarios para empezar a moverte. No dar esos tres pasos (y subestimarlos) es la razón por la que todavía estás tan lejos de tu película mental.

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Ponte los tenis y abre la puerta de tu casa. Foto: JESHOOTS.com on Pexels.com

¿Y entonces? 

Si lograste dar esos tres pasos, ¡felicitaciones! Ahora es cuestión de comenzar con un minuto de cualquier actividad. Si tu meta es caminar, camina un minuto. Si tu objetivo es hacer abdominales, hazlos durante un minuto, y lo mismo si quieres correr, levantar poco peso o nadar en la piscina.

Es importante que cuando vayas a hacer los tres pasos no pienses en la actividad física que realizarás después. Es esencial que te enfoques únicamente en cumplir esos tres pasos y que en sí mismos sean un logro, independientemente de que luego vuelvas a entrar a tu casa.

Aspira a hacer esto todos los días, a la misma hora si puedes. Leo Babauta, un coach de lifestyle que era excesivamente sedentario y se alimentaba muy mal, explica en su libro Essential Zen Habits, que para formar un hábito debes repetirlo durante 6 semanas. Luego, lo tendrás incorporado y te resultará más fácil.

Cuando veas que ya tienes dominado tu “minuto”, si lo deseas puedes agregarle uno, dos, o diez más a tu hábito cada semana. Eso sí: la moderación es clave. Si de un día al otro agregas 20 minutos a tu rutina, hay muchas chances de que al día siguiente estés demasiado cansada para repetirla, explica Babauta en su blog. Ve con pasos cortos, disfruta de los pequeños triunfos, y llegarás lejos.

Como dice un viejo refrán italiano: ‘Chi va piano, va lontano’. (“Quien va despacio, llega lejos”).

¿Cuáles son los hábitos que más te cuesta cambiar? ¿Ejercicio físico, alimentación, dejar el tabaco o el alcohol…? ¡Cuéntame!